Estrellas.
¿Quién dijo que las estrellas eran inalcanzables? Quien quiera que haya sido está equivocado. Es completamente falso.
Un día especial simplemente lo descubrí. No fue fácil. Era necesario observar y vaya que es difícil hacerlo. Nos la pasamos toda la vida oyendo y viendo, mientras la vida se nos va sin realmente observar ni escuchar. Pero aquél día especial en que los sentimientos se agudizaron, las alcancé.
Verlas y sentirlas era algo inverosímil . Miles, millones. Tan pequeñas, pero tan enormes, con tanta luz y llenas de color. Sentirlas en mis manos, ese calor tan diminuto y tan grande que cada una irradiaba, fue increíble. Era como cuando se te duermen las manos, esos pequeños piquetitos de calor.
Fue realmente frustrante no poder tenerlas en mis manos, verlas, sentirlas todo el tiempo. Pero contradictoriamente están ahí en todos lados todo el tiempo. Claro, alcanzarlas como tal no es tan fácil. Pero cuando descubres el cómo, dónde y cuándo, es una bendición. Estrellas que ayudan a curar cualquier mal, estrellas que brindan paz y serenidad. Estrellas juguetonas.
Eventualmente regresaron. Me han hecho feliz. Y afortunada o desafortunadamente sé cómo hacerlas regresar, no es vanidad ni presunción, pero entendí por qué a veces son “inalcanzables”.
Amo las estrellas y cada momento que las tengo en mis manos es muy especial y gratificante.
¿Cómo alcanzarlas? Quisiera poder decirlo, pero es simplemente indescriptible, además sólo a algunos les llega su momento para observar, sentir y escuchar … estrellas.
